Residential
Cuando el bosque marca el ritmo de la casa
Un invernadero que cose el interior con el exterior.
El invernadero es la pieza que articula el proyecto. Mimetizado con el entorno, casi disuelto en él, funciona como un refugio que cruza el invierno y el verano sin perder su naturaleza. Es la prolongación natural de la casa, el lugar donde la luz se queda más tiempo y donde el límite entre afuera y adentro se diluye.
A su alrededor se organizan las dos zonas exteriores: el comedor y la sala de estar al aire libre, que extienden la vida doméstica más allá de los muros y devuelven al bosque su papel de habitación principal.
Para esta familia llegada del norte, la luz no es un elemento más: es la prioridad. Toda la paleta del proyecto se ha construido para acompañarla. Blancos y tonos piedra amplían la sensación de espacio y permiten que la luz natural recorra cada estancia sin obstáculos.
Esta neutralidad cromática no es un fin estético, sino un recurso para potenciar lo que ocurre afuera. Cuando el interior se silencia, el verde del bosque aparece con toda su intensidad.
Un espacio a medida de cada momento vital
Dos suites concebidas para el descanso, un despacho para los momentos de concentración y una zona común —cocina y sala de estar interior— que sostiene la vida cotidiana en los días en que el bosque pide quedarse a cubierto.
La cocina y todo el mobiliario han sido diseñados a medida por el estudio. Cada mueble responde al lugar exacto que ocupa, a la luz que recibe, al uso que tendrá. Es la aplicación silenciosa del método de los elementos invisibles: una arquitectura que no se explica, se respira.
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